El prolapso ocurre cuando uno o más órganos de la pelvis descienden de su posición habitual, hacia la vagina, debido al debilitamiento de los músculos y tejidos de sostén. Puede afectar estructuras como la vejiga, el útero o el recto.
Algunos de los síntomas más frecuentes pueden incluir sensación de peso o presión en la zona pélvica, molestias, sensación de bulto o cambios en la función urinaria.
Si bien puede presentarse con mayor frecuencia en determinadas etapas de la vida, es importante recordar que existen distintas alternativas para su evaluación y tratamiento según cada paciente.
Ante la presencia de síntomas o dudas, la consulta con un especialista permite realizar una valoración adecuada y definir el mejor abordaje para cada caso.


