Un paciente con imposibilidad para orinar a causa de una obstrucción de origen prostático fue intervenido quirúrgicamente luego de no responder al tratamiento farmacológico. En estos casos, cuando la medicación no logra aliviar los síntomas ni resolver la obstrucción, la cirugía prostática se convierte en la alternativa terapéutica indicada.
El Dr. Luis Vázquez Ávila, Especialista Consultor en Urología, explica que se trata de situaciones extremas, a las que muchas veces se llega por la falta de consulta temprana. “Es fundamental acudir al urólogo ante la aparición de los primeros síntomas urinarios”, señala. Entre ellos, se destacan la micción débil, entrecortada, la dificultad para iniciar el chorro, el goteo posterior o la sensación de vaciado incompleto.
La intervención consiste en la resección de la glándula prostática para lograr una adecuada desobstrucción de la vía urinaria. En este procedimiento se utiliza un equipo bipolar de resección, que permite cortar el tejido prostático y, al mismo tiempo, coagular, favoreciendo un mejor control del sangrado.
Se trata de una cirugía minuciosa y progresiva, donde la hemostasia —es decir, el control del sangrado— es clave, ya que la zona intervenida permanece en contacto permanente con la orina, lo que puede dificultar la cicatrización.
A medida que avanza la resección, la obstrucción va mejorando notablemente, permitiendo identificar claramente el cuello vesical, la vejiga y la zona prostática. Una vez finalizado el procedimiento, la vía urinaria queda completamente desobstruida, favoreciendo la recuperación de una micción normal.
Este tipo de cirugías refuerza la importancia de la consulta urológica temprana, que permite tratar la patología de manera adecuada y evitar llegar a situaciones extremas, como la necesidad de una sonda urinaria por imposibilidad para orinar.


